Hoy con una mirada retrospectiva a la historia, la Congregación de Dominicas Hijas de Nuestra Señora de Nazareth, ha cimentado y plasmado el carisma con una espiritualidad valida para los tiempos nuevos, una espiritualidad que compromete y responde a la pedagogía salvífica de Dios, en la contemplación del Misterio de la Encarnación de su Hijo Jesucristo, obrado en la humilde casa de Nazaret.

En este momento histórico de la vida de la Congregación, estamos convocadas a leer de nuevo la originalidad y la frescura de la doctrina de la Madre María Sara Alvarado Pontón fundadora y del Padre Enrique Alberto Higuera Barrera OP, Cofundador, para beber en esta escuela la propia espiritualidad; si queremos renovar la vida espiritual debemos partir de una nueva experiencia de Dios.

En este siglo XXI nos comprometemos a recobrar la frescura del Evangelio y fortalecerlo con la disciplina espiritual y ascética, que la Madre fundadora nos dejó como herencia; a tener la capacidad de una nueva mirada a la vida, de vivir en la novedad del Espíritu que fortalece el seguimiento a Jesús de Nazareth, con la lucidez misma del Evangelio y del carisma fundacional, según el patrimonio de aquella primera mujer que hizo la experiencia de Dios: Sara Alvarado Pontón copiando en su vida la espiritualidad rica de la Sagrada Familia de Nazaret, en la contemplación del Verbo encarnado y su silencio en el Sagrario.

Somos testigos del hoy de Dios en la historia; estamos llamadas a aceptar el reto de la Iglesia en este nuevo siglo, a caminar con nuestros hermanos, hombres y mujeres que luchan por la subsistencia y conducirlos a la búsqueda de Dios y al encuentro de hombres y mujeres de buena voluntad que con corazón generoso se solidarizan con sus hermanos que sufren y comparten con ellos sus bienes espirituales y materiales.

La Palabra Encarnada, criterio supremo de la espiritualidad nos permita a quienes ya hemos recorrido un cierto camino, como a quienes lo inician, dejarnos cuestionar acerca del crecimiento en la fe, en la Esperanza y en el Amor, que nos cristifica, como también comprender desde esta triple dimensión lo que el mundo espera; respaldar con nuestro testimonio la vida de la Iglesia y dar garantía de fidelidad al carisma fundacional, por la alegría de consagradas por el gozo espiritual que produce la experiencia maravillosa del encuentro con Dios y los hermanos.

La espiritualidad de la Congregación se basa principalmente en la contemplación de la vida oculta de Jesús en Nazareth y en el Sagrario, en una entrañable devoción a María Santísima, al Patriarca San José y a Santo Domingo de Guzmán

| Inicio | Datos de interés | Estructura | Formación | Nazareth | Galeria |
Dominicas Hijas de Nuestra Señora de Nazareth