La formación permanente es un proceso global y continuo de crecimiento en todos los aspectos de la vida de la persona, proceso que conlleva unas implicaciones fundamentales de conversión y de renovación, desde un compromiso personal y comunitario (cf. Const. 273). El objetivo principal de la formación permanente o continua es la animación de la vida de cada una de las hermanas para mantener viva y encendida la llama de la vocación a la cual hemos sido llamadas por Dios. La formación permanente es la proyección del proceso iniciado en las primeras etapas. Un espacio muy amplio y rico que comprende parte de la juventud, la edad madura y la vejez.

Los pilares fundamentales de la Formación permanente son:

  • La fidelidad dinámica al Carisma fundacional y a la Iglesia

  • La riqueza espiritual del carisma centrada en la página evangélica: "el misterio de la Vida oculta de Jesús en Nazaret"

  • La vida de cada una de las Hermanas.

  • Los desafíos del mundo cambiante que exige una permanente actualización para dar una respuesta evangélica a cada una de las circunstancias particulares, dentro del ámbito apostólico de la Congregación.

  • El futuro mismo de la Congregación.

Estos parámetros deben ofrecer el dinamismo permanente al sentido de pertenencia e identidad. Sólo así se conservará la frescura y novedad del carisma y la espiritualidad de la Congregación de Dominicas Hijas de Nuestra Señora de Nazareth.



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