
El juniorado es la última etapa de la formación inicial donde la recién profesa de votos temporales manifiesta la capacidad para responder adecuada y fielmente a los compromisos adquiridos en la profesión (votos de castidad, pobreza y obediencia). Comprende el periodo de los votos temporales, tiempo que varía entre seis y nueve años. Durante este lapso la hermana juniora, debe hacer renovaciones anuales durante los tres primeros años y luego por un trienio; pasados estos tres años si es considerado prudente se concede la profesión perpetua.
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El objetivo de esta etapa es propiciar un ambiente que le permita a la Juniora caminar verdaderamente a través de toda su experiencia, entrando de lleno a la práctica de las diversas actividades de la vida fraterna y el apostolado, y vivenciando las verdaderas formas de pobreza y trabajo, comprensión y aceptación del carisma propio de la Congregación y al mismo tiempo compartiendo fraternalmente la fe, la oración, la liturgia, la observancia; de tal forma, que la prepare y la lleve a un verdadero discernimiento para la Profesión perpetua a la luz de los principios evangélicos y congregacionales.
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